Que el corazón te palpite a cien por hora. Recuerda que llorar no suprime dolores. Que sueñes pero que no se te olvide volar. Súbete a lo más alto y que si tienes que bajar, baja. Disfruta, pero camina y no te detengas en el camino. Si tropiezas, te levantas, aunque sepas que volverás a tropezarte. Nunca dudes y sobre todo que no se te olvide, que aunque soñar sea gratis, hace falta principalmente una cosa, para soñar primero hay que sonreír. Y sin esto, no puedes cumplir nada de lo anterior y sin sueños la entrada está PROHIBIDA aquí...



martes, 20 de marzo de 2012

Cuando ya teniamos las respuestas nos cambiaron las preguntas.

Tiene la maldita costumbre de guardar sus recuerdos en cajas, así cuando está triste la gusta ir a mirar el montón de cajas que tiene, enteritas, sin dejarse ni una. La gusta recordar que algún día volverá a sentir aquella felicidad que sintió en esos momentos.

Supone que la vida a veces tiene que dar giros inesperados, algo que nos cambie el rumbo que entonces llevábamos y que quizás todo eso ocurra por algo. Pero tampoco nadie nos pregunta si queremos cambiarle. Se que hay días que dudamos y otros que estamos tan seguros de algo que daríamos cualquier cosa porque el mundo nos creyera. Siempre se ha preguntado que es exactamente lo que hace que un día estemos mal, así sin ninguna explicación, que comiences a preguntarte el porqué de ciertas cosas cuando quizás ayer mismo te gustaba tu vida. Pero hoy no es así. Hoy la asusta la soledad y la asusta el “siempre” que todo el mundo usa. Hoy y casi siempre. Pasó de ser una romántica empedernida a ser una chica sin sentimientos, o eso pretendía aparentar. Ella aparenta que es fuerte, y en soledad sigue estando rota en mil pedazos. No quiere que nadie la rompa de nuevo y en realidad nadie sabe que en realidad sigue igual de rota y que lo único que la hace falta es que la reconstruyan. No quiere que nadie vaya a su puerta con un ramo de flores y gritándola a los cuatro vientos que la quieren, no quiere ningún “buenos días princesa”, no quiere besos en la frente ni cartas de esas que enamoran, en definitiva lo que no quiere es que la demuestren que su vida es ella.
Nadie entiende que quizás no pretenda ser de nadie.


Dicen que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. En el fondo creo que es una gran frase. Pero no creo que ese sea su gran problema. Su problema no fue perder, sino que no supo ganar. Tiende a conformarse, a creer en un ya vendrán tiempos mejores y no llegó a comprender que hay cosas que hay que saber cuidar. En el amor se llega al punto máximo en el momento en que dos personas que se quieren de verdad se dicen que se aman, de ahí en adelante debe cuidarse. Ella era de las que creían que el amor lo podía todo, creyó que él acabaría volviendo, que suplicaría otra vez sus besos. Y ella entonces se conformó. No le suplicó que se quedara y desde entonces no volvió a ser la misma. Había cometido muchos errores en su vida, pero sabía que como aquel ninguno. Se quedó a su lado y estaba con el sin estarlo. Desde el momento en el que supo que él ya no iba a volver se dio cuenta de que ella había querido muchas cosas y que en realidad no había sabido querer ninguna. No luchó por él, eso es verdad, creyó que hay cosas que es mejor perder, creyó que las historias bonitas deben acabar bonitas, sabía que si hubiese habido una segunda parte aquello no hubiese sido lo mismo. Y se cerró, sin querer quererlo buscaba a alguien como él, pero cuando conocía a alguien lo olvidaba. Ella siempre se decía que no quería a alguien como él, no quería ninguna copia barata, quería a alguien diferente, ¿y a qué se refería con diferente? Descubrió que entonces debía estar sola, había saboreado el amor en diferentes formas, el amor fugaz, el amor tranquilo y el amor desde la locura. Y en el fondo de esos tres amores él siempre aparecía en todos. Ella no era de las del te quiero fácil, nunca había utilizado palabras tan verdaderas y en cuanto él se marchó dejó de creer en las promesas. Cada vez que prometía algo lo incumplía, inconscientemente, dejó de ser una chica de palabra. Separó a la locura del amor, y cometió locuras sin amor. Y él. En el fondo, a veces muy en el fondo se querían, pero aquello había acabado y parecían no querer aceptarlo. Se comían con la mirada y se mataban con los besos a otras personas. Ella seguía creyendo en el amor verdadero, él aun lo buscaba. La única diferencia fue que ella dejó de creer en las personas y él la encontró. Ella se marchitó, él volvió a querer. Él desapareció de su vida y ella enloqueció. En ella murió el amor y olvidó que a veces para ser feliz hacen falta dos. Se negó a tener historias de amor y su felicidad desapareció. Y aún siendo una niña descubrió que en cuestiones de amor nunca hay que estar demasiado seguros.

Sus amigas aguantaron sus preocupaciones y temores, hasta que de pronto ella los dejó de lado. Tuvo un amor de verano y quiso volver a sentir el amor, pero ya sabemos que hay ciertas cosas que como vienen se van. Y la locura sin amor volvió, y se equivocó. Dio con alguien que buscaba algo más de ella. Buscaba su amor y ella lo rechazó. En él había amor del bueno, del verdadero, de muchos “buenos días princesas”, de grandes te quiero con ramos de flores, de besos en la frente y de cartas que enamoran. Y descubrió que en el amor primero debe haber locura y pasión. ¿Acaso debía estar con una persona con la que ya sabía que tenía su amor?  No la gusta que lo den todo por hecho. Hay que construir. En aquella historia quien debía luchar acaso por el amor del otro solamente era él. En todo momento seguía siendo la chica de las promesas rotas, y el te quiero no se lo robaría nadie. Nadie en ningún momento lograba entender porque ella no quiso su amor, lo tenía todo, nadie entendía entonces que a quien no tenía era a ella, que no había conseguido volver a enamorarla, pero que aun así nadie en todo ese tiempo lo había conseguido. ¿Su corazón se había convertido en una piedra y nadie podía romperlo?





Hoy a vuelto a abrir aquella caja, ha visto su foto y lo ha vuelto a echar de menos, como siempre.



PD: Y entonces ella no sabe
 a quien echa de menos,
a su yo de entonces o al él de entonces.

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